Marina

Marina
Marina, de Ezequiel Barranco Moreno

sábado, 6 de marzo de 2021

Blancanieves y los siete enanitos (Serie cine y reencarnación - II)

Blancanieves y los siete enanitos. Fotograma

Un día la mina explotó y ninguno de los siete sobrevivimos. Mudito se reencarnó en un príncipe azul y se fue en busca de Aurora, Sabio aprendió a tocar el piano y se marchó a Casablanca a tomarse una copa en el Café de Rick, Dormilón resucitó con una capa negra y dos orejas puntiagudas y dedicó su vida a luchar contra el mal, Tímido se despertó entre los chicos de American Pie, y Mocoso renació transformado un Troll y se hizo amigo de Shrek, la nueva vida de Sabio. Yo, Gruñón, me he reencarnado en cama, y soy por fin feliz compartiendo sueños con Blancanieves en su dormitorio.

sábado, 27 de febrero de 2021

Superman (Serie cine y reencarnación - I)

Superman. Fotograma
Me crucé con él sin prestarle demasiada atención pero se puso delante de mí y me preguntó si sabía dónde vendían kriptonita.

Me extrañó y pensé que podía ser que estuviera de pitorreo o que era el reportero de un programa de esos de cámara oculta, aunque su aspecto desaliñado, el abandono que manifestaba su ropa raída y sucia, y su evidente timidez no cuadraban con la imagen que esperamos de un bromista o un periodista. Él me miraba y me requería una respuesta. Ante mi silencio, volvió a hablar.        

―Verá, buenas tardes, soy Supermán y la necesito, aunque sea un pequeño trozo.

―¿Supermán? ¡Venga ya!

―Perdone, me voy a explicar, fallecí tras un contacto con la dichosa piedra y me he reencarnado. Me conocen como Pepe Pérez, pero yo sé que soy quien soy.

―Sí, ya, Supermán.

―Bueno, en realidad, como le digo, Pepe Pérez. No soy ya un héroe, pero sí una buena persona.

―Sigo sin creer esa locura ¿Puede demostrarlo? ―le pregunté para no parecer descortés.

―No, no vuelo, mi visión es normal y he perdido todos mis poderes. A cambio, me considero bondadoso, ayudo al que puedo, comparto mi comida con quien no tiene y, sobre todo, me empeño en no hacer mal a nadie. La gente del barrio me conoce y me quiere. Esos son mis poderes.

―Entonces ¿para qué quiere la Kriptonina?

            ―Solo para restregármela y demostrarle al superhéroe que fui, que soy mejor que él.  

sábado, 20 de febrero de 2021

Hermanas

Mujeres asistiendo un parto. Iluminación medieval
Pudieron ver la luz. Tan potente era que laceraba sus ojos temerosos, sus miradas ciegas era incapaz de llorar, de reconocer un color que no fuera negro sanguinolento, traslúcido. Su vida había sido tranquila hasta aquel día, cuando tuvieron que cruzar la frontera, esa línea que deja atrás el ayer, que abre el mañana.

Al otro lado escuchaban voces amables y reconocibles, porque oían y sentían, aunque lo negaran los sabios escépticos, los tontos incrédulos.

Macarena aún recuerda la paz del sueño sereno, el brusco y doloroso despertar, sus compartidos latidos desbocados… y el fulgor. Violentas y dolorosas sacudidas la impulsaron al exterior, al más allá del contorno de silencio amable, hacia el inicio de la autobiografía. Carmen dormía. Macarena encontró el aire necesario para su existencia. Carmen ahogó su voz silente, cansada.

            Quisieron salir a la luz mientras la madre luchaba por abrirles el paso y acogerlas. La amable burbuja amniótica estalló. Macarena cruzó la raya a la vida mientras Carmen se ahogaba en meconio. La piedad besaba y lloraba en confuso dolor. Macarena pudo escuchar un quejido inaudible. Carmen calló.

sábado, 13 de febrero de 2021

Náufrago

Los acantilados de Etretat, de Gustave Coubet

Se levantó para colocar bien la marina que adornaba la pared del salón y que se había escorado; y comprobó que el mar desaparecía entre las rocas y el barco había encallado en la parte inferior del lienzo. Con el esfuerzo y las cataratas de sus noventa años bien cumplidos, pensó que todo sería producto de un sueño o de una jugarreta de sus ojos cansados, y que el barco seguía a flote, pero al volver a la butaca notó que sus pies estaban mojados.

Tras la ventana abierta, el temporal arreciaba mientras él se adormecía.

sábado, 6 de febrero de 2021

New age

Gasolinera, de Edward Hopper

Sentado sobre su Harley Davidson, sin dejar de mascar un palillo de dientes, observaba displicente a la joven que, rubia, joven y descarada, le pedía un chupa-chups apoyada en un Mustang 1969 aparcado en la gasolinera.

La dama se le acercó dejando ver su muslo rutilante bajo la falda roja que se abría a las miradas soñadoras. Detrás, una pandilla de sucios y malencarados trotamundos, mascaban chicles y ramitas de maíz sin apartar los ojos de la joven. Él se llevó la mano a la cartuchera, con parsimonia, y antes de que nadie pudiera reaccionar, sacó su celular y marcó decidido los nueve números de la cafetería de la estación.

En pocos minutos Hui Ying sacó dos litros de refresco de naranja y cervezas sin alcohol a cuenta del bar, pero eso no bastó para aliviar la tensión, que inevitablemente acabaría un duelo. Cuando nuestro protagonista ganó el lance de piedra, papel y tijera, y eliminó a los indeseables, nada pudo impedir que juntos emprendieran un viaje el lejano oeste, se casaran y fundaran una familia feliz con siete retoños.

sábado, 30 de enero de 2021

El viaje

Pabellón de Alfonso XII, de Manuel García y Rodríguez

En la Isleta de los Patos, en pleno centro del Parque de María Luisa, y en el cercano Monte Gurugú ─pasajes de inestimable valor romántico de Sevilla─, habían construido un puerto y un aeródromo. Todos pensábamos que nunca atracaría allí barco alguno ni aterrizaría un avión, y criticábamos la descabellada idea. A mí no me hizo gracia, tanto por lo absurdo del proyecto como, por los peligros que suponían esas actividades en el centro de una ciudad.

Pasó el tiempo y, tal como se había pronosticado, ningún barco atracó y ningún avión aterrizo, pero yo me fui acostumbrando a sentarme en un banco cercano, con un refresco y un parisién, a esperar. Fueron muchos los días en que mi único entretenimiento era mirar el reloj, el cielo y la corriente del lago, hasta que una mañana un avión aterrizó, se abrió la escotilla y una azafata me llamó. Minutos más tarde despegamos y vi por la ventanilla a miles de personas, cada vez más pequeñitas, sentadas jugando con su reloj.

sábado, 23 de enero de 2021

Se equivocó la paloma

Grabado de la serie Tauromaquia, de Pablo Ruiz Picasso

Sintió un dolor infinito e irreparable cuando la bala cumplió el mortal objetivo del cazador, como el anzuelo destrozó su vida previa de sargo o el alfiler la de mariposa. En su postrero intento, reencarnada en su última vida la paloma —zahína, noble, astiarmada—, en un empeño desesperado y justiciero, cayó fulminada en la suerte de espadas.

domingo, 17 de enero de 2021

Inmovilismo

Paisaje con un obelisco, de Hubert Robert

Su nombramiento de Valedor de la Historia Local era un honor al que no pudo renunciar, pero frente al prestigio y las indudables ventajas económicas y sociales que el nuevo cargo le deparaba, se enfrentaba a un único inconveniente: debía de estar siempre a menos cien metros del Monolito Fundacional de la Ciudad, lo que le suponía una merma en su libertad. Su vida giró desde entonces alrededor del monumento y su único fin fue mantenerlo incólume e inalterable, tal y como lo había recibido de sus ancestros, que nunca le dijeron que el sería el siguiente monolito.

sábado, 9 de enero de 2021

Aburrimiento

La dama y el unicornio, de Luca Longhi

Cansado del confinamiento en mi casa y de mis pesadillas, consciente de desperdiciar el ahora y buscar el mañana en el ayer, sentado en el sempiterno sillón del hastío, y sin otra fe que contar el paso de los minutos, entró por fin el unicornio azul, y pude respirar.

viernes, 8 de enero de 2021

Navidad 2020 - III. Epifanía

Adoración de los Reyes Magos, de Pedro Pablo Rubens

Estas navidades ninguno pedimos nada a los Reyes Magos, solo les rogamos que se llevaran el 2020, y Sus Majestades han cumplido y se lo han llevado, y además, a cambio, nos han dejado una gran caja de cartón envuelta en papel celofán, con una etiqueta en la que se puede leer «2021». Ya han pasado tres días y aquí estamos todavía, rodeando el árbol, mientras cantamos villancicos y dejamos correr el tiempo sin atrevernos a abrir el regalo.

sábado, 26 de diciembre de 2020

Navidad 2020 - II. Fin de Año

Jeremías lamentando la destrucción de Jerusalén, de Rembrandt 

Cuando en el último programa del nefasto año 2020 Marty McFly nos informó de que en sus viajes a través del tiempo montado en su DeLorean, hizo amistad con Baba Vanga, Nostradamus, Jeremías y otros visionarios, el fraude que los profetas habían mantenido a lo largo de los siglos quedó al descubierto. La certera llegada del asteroide durante las últimas doce campanadas previas al Armagedón, de la que ninguno de ellos había informado a Marty, convirtió la noticia en una simple anécdota. 

jueves, 24 de diciembre de 2020

FELICIDADES

Mis mejores deseos para estas navidades y para este próximo año que, seguro, mejorará el que estamos cerrando; y muchísimas gracias a mis lectores por sus cuarenta mil visitas.

sábado, 19 de diciembre de 2020

Navidad 2020 - I: Nochebuena

Navidad Mística, de Sandro Botticelli


Iban fatal de tiempo. Los Reyes se habían entretenido en diferentes recepciones y los pastores, a los que les habían llegado rumores del plan de Herodes con los Santos Inocentes, se escondieron o demoraron a ver qué pasaba. Hasta el Ángel se vio afectado por una tormenta que lo desvió hacia el mar. Cuando finalmente llegaron, el portal estaba vacío y en el suelo pudieron encontrar la propaganda de una posada en Egipto.

sábado, 12 de diciembre de 2020

Palabras de consuelo

 Valentine Gode-Darel, de Ferdinad Hodler 


Ella, en silencio, finge que se lo cree y sonríe a los que están en la rodean —ya verás que en poco tiempo estarás bien, no te preocupes, es cuestión de paciencia, sé valiente, tienes que descansar y comer—. Disimula en silencio y todos se van satisfechos. Todos menos uno, un caballero enjuto vestido de negro y con un reloj en la mano, con el que tampoco quiere conversar.

sábado, 5 de diciembre de 2020

Introspección

Bailarina basculando, de Edgar Degas

Su condición de sordociega no le impidió disfrutar de la belleza. Comenzó su aventura en París, donde le dejaron que acariciara y estudiara a La Victoria alada de Samotracia. Se impresionó tanto que, cuando la recordaba, imitaba los movimientos con que la acarició en una especie de baile sensual, sinuoso. Repitió la experiencia, entre otras, con La Piedad, El discóbolo, Nefertiti, El pensador y El éxtasis de Santa Teresa.

Cada recuerdo, cada representación era un baile distinto, lento, profundo e hipnotizador, y así lo entendió un célebre coreógrafo, que la llevó a estudiar esculturas famosas y, para cada una de ellas, compuso una obra musical basada en percusión, que ella notaba por la vibración del suelo. Recorrió el mundo entero, alcanzando grandes éxitos con coreografías como El dolor de Laoconte, La noche oscura del Moái o Los amores de Venus y David.

En el cénit de su fama se encerró en su casa casi un año para aislarse y crear su baile más hermoso, personal y sincero. En el estreno, sin música, iluminada por un potente foco, y en un silencio casi religioso, comenzó a bailar como en un milagro invertebrado, para ofrecernos su más logrado número: Autorretrato.

sábado, 28 de noviembre de 2020

Endogamia

Una boda aristocrática, de Federico Jiménez Fernández

Confesé a mis padres lo que había hecho, pero no quisieron perdonarme. Me había casado en secreto con Puchi, mi osito de peluche. Era un amor y tenía una mirada tan tierna y amable, que me enamoré y decidí pasar toda la vida con él.

No se enfadaron por la boda, lo que les molestó es que lo hubiera mantenido en secreto. Estuvieron meses sin hablarme. No sabían cómo decirme que mi padre tuvo una aventura con Mamá Osa, y que yo había heredado su nariz chata y esa manera tan extraña de llorar.

domingo, 22 de noviembre de 2020

La España vaciada - y IV. La tierra

Campesino cavando, de Vicent Van Gogh

La torre de la iglesia semejaba un solitario mástil en el mar de trigo que se extendía hasta el horizonte, sin que una mínima sombra rompiera la sensación de soledad y desasosiego que rodeaba al pequeño pueblo extremeño. Alrededor de la iglesia, la plaza, dos calles empedraras y una veintena de casas, completaban la fisonomía de la aldea.

Los pocos ancianos que allí vivían, imposibilitados en su mayoría, rara vez salían de su domicilio y, si lo hacían, era para coger el pan y alguna vianda que en una furgoneta llegaba una vez a la semana.

Arturo, que a sus setenta y cuatro años era el único que se mantenía sano y ágil, se había marcado como meta la atención a sus vecinos y el mantenimiento del pueblo. Su jornada empezaba a las siete de la mañana cuando tañía la campan de la iglesia.

            Las siete campanadas, asustaban a las palomas, que salían volando a picotear el trigo; a las abejas que revoloteaban de flor en flor; a las ratas, que aparecían y desaparecían camufladas en los arados; a los conejos que corrían hacia sus madrigueras; a los halcones que alertados por tañido y el trasiego de roedores abandonaban su sueño para buscar alimento; a los cazadores que apuntaban indecisos al suelo y al cielo; y a los vecinos que empezaban un nuevo día con sus dolencias.

            Un día Arturo enfermó, las campanas se mantuvieron en silencio, las palomas, las abejas, las ratas, los conejos, los halcones, los cazadores y los vecinos esperaron expectantes su sonido, y el pueblo se sumió en la profunda tristeza de una tierra desolada.

sábado, 14 de noviembre de 2020

La España vaciada - III. El gobierno

La gloria del pueblo. de Antonio Fillol

Don Nicomedes Ortiz Lasarte, cronista, boticario, tendero, camarero, cura, padre —o tío— de su hijo —o sobrino—, Nicomedes —Nico—, era alcalde, de un pequeño pueblo aragonés. No había más habitantes, pero entre los tres, porque en realidad eran tres, se entendían bien. El tercero en discordia era Nicolás, el fiel gato, que tenía encargada la limpieza y depuración de ratones y cucarachas. Don Nicomedes mandaba, Nico obedecía y Nicolás correteaba insectos y roedores, y así eran felices. Un día Nicolás desapareció, Nico se fue en busca de nuevos horizontes, y el cronista, boticario, tendero, cura, padre —o tío— y alcalde, perdió a sus lectores, pacientes, clientes, comensales, fieles, hijo —o sobrino—, y ciudadanos. La desolación fue tremenda y don Nicomedes escribió su última crónica: Con fecha de hoy, yo, Nicomedes Ortiz Lasarte, dimito de todos mis cargos, y cedo los terrenos municipales a la Constructora Nuevo Pueblo Nico, propiedad de don Nicomedes Ortiz Expósito. 

sábado, 7 de noviembre de 2020

La España vaciada - II. La vuelta

Fiesta en el campo, de Francisco Iturrino

Para la feria, los treinta vecinos del pequeño pueblo andaluz prepararon una carrillada y un baile en la plaza del ayuntamiento. La comida, regada por abundante vino del lugar, resultó exquisita; el ambiente, gracias al día primaveral que amaneció y a la amistad que los unía, alegre y gratificante; y el baile, con boleros, rumbas, sevillanas y otros cantes tradicionales rematados por los fandangos de siempre, magnífica clausura de la jornada festiva.

        Días más tarde, en su acomodado sillón en la capital, algunos miraron con nostalgia las fotografías que desde el pueblo les habían enviado, y decidieron que, en cuando pudieran, volverían, que allí se vive mejor que en cualquier otra parte, que es más sano y que no había maldad, pero habían olvidado el camino. 

viernes, 6 de noviembre de 2020

La España vaciada - I. La fiesta

El pan de fiesta (Castilla) de Joaquín Sorolla y Bastida

Los veinte ancianos que completaban la nómina del pequeño pueblo castellano hicieron una recolecta de un euro por persona, para comprar una fregona, un cubo, una escoba y el recogedor, y poder así adecentar la iglesia y el casino. Una vez realizada la compra y viendo que, por su avanzada edad, ninguno podía llevar a cabo la tarea propuesta, decidieron donarla para la rifa que se hacía con motivo de las fiestas del Santo Patrón. La jornada transcurrió de la forma en que se esperaba, el baile fue todo un éxito a pesar de los quebrantados huesos de los vecinos, hubo una comida en la que cada uno aportó lo que pudo y quiso —a destacar la carrillada del alcalde—, y los cuatro ganadores del sorteo se fueron felices cada uno con su premio. 
    La iglesia y el casino se quedaron en espera de otra oportunidad.