Marina

Marina
Marina, de Ezequiel Barranco Moreno

viernes, 15 de marzo de 2019

Referencia (Serie mis cuadros - 9)

Ribadesella

Desde las barcas del puerto se podían ver todas las viviendas, y poco a poco sus habitantes se habían hecho familiares. Empezando por la izquierda y de arriba abajo, eran reconocibles una pareja de ancianos, un matrimonio joven con cuatro hijos, un viajante que siempre iba y venía con maletas, unos homosexuales, una familia de chinos con nueve retoños, una soltera de buen ver, una anciana con su cuidadora sudamericana, un jubilado que cada día sacaba a pasear sus tres perros y cada tarde regaba las plantas de su terraza, un borracho siempre de bronca, un policía, la mujer de un militar que la había abandonado y poco más.
Desde los pisos pasaba igual, todos conocían el movimiento de cada una de las barcas, sus horarios de salida y vuelta, y el camino de la pesca que conseguían cada jornada. Entre todas destacaba una, pequeña, azul y negra, situada entre otras de mayor calado, pero que era claramente identificable por el nombre escrito en el casco, en un llamativo color amarillo: Lourdes. Tanto era así que la localización de las demás se basaba en ésta: La blanca de la derecha de Lourdes, la de atrás de Lourdes, la de la izquierda de Lourdes, la de la bandera amarilla dos filas detrás de Lourdes, o la roja cercana a Lourdes; y si mirábamos desde una de las embarcaciones hacia el pueblo, encontrábamos la casa marrón a la altura de Lourdes, la de los toldos de antes de llegar a Lourdes o la alta justo al nivel de Lourdes.
Convertida en una referencia para el pueblo, un día tuvo que marcharse y dejó libre la plaza en el embarcadero, que en poco tiempo fue ocupada por un barquito, también pequeño y azul, sin más identificación. Desde entonces, cuando los lugareños buscan algo, las referencias variaron: La barca blanca de la derecha de donde estaba Lourdes, la de atrás de donde estaba Lourdes, la de la izquierda de donde estaba Lourdes, la casa de los toldos de antes de llegar a donde estaba Lourdes, la alta justo a nivel de donde estaba Lourdes…

viernes, 8 de marzo de 2019

La mirada del tiempo (Serie mis cuadros - 8)

Mi salón

Cambié el color original de la pared, garbanzo claro, por un desabrido tono lila, que ocupaba todo el fondo del lienzo. Hice una interpretación abocetada de un cuadro que adornaba el salón y lo torcí hasta hacer que la perspectiva mareara. La mesa la incliné para facilitar la visión de tres spatifilium deformes que situé allá donde en realidad había unas macetas con azaleas en plana floración. Dos jarrones de filigrana plateada los representé con vistosos colores y los deformé usando gruesos pinceles y trazos irreflexivos. Vacié mentalmente mi biblioteca y la dejé en un segundo plano, sustituyendo mi colección de libros por unas enciclopedias baratas de las que dan a plazos con los periódicos, y añadí un jarrón de cristal inexistente como único adorno. El resultado fue confuso, quizás algo inquietante y, para algunos, simplemente feo.
Ahora, pasados los años, me parece todo irreal… menos el cuadro.

viernes, 1 de marzo de 2019

Todo pasa, todo queda (Serie mis cuadros - 7)

Ribadeo


Las casas chatas de colores vivos se alternan con los caserones de los que en su día buscaron una vida mejor, y volvieron con sombrero, chaqueta y ansias de futuro. El manto verde de la abigarrada vegetación lucha por hacerse sitio entre las angostas calles, restando luz y reteniendo una humedad que recala en los huesos y almas. El cielo presagia, como cada mañana, días venideros de marejada o calma, de brisa o tormenta. El mar trae alimento y paz, o impotencia y dolor. Los hijos futuro, y los padres recuerdos.
Así, desde hace centenares de años, cambiando nombres, ropa, proyectos, angustias, sueños, miedos, juegos, soledades y esperanzas; y manteniendo vidas.

viernes, 22 de febrero de 2019

Mi mirada (Serie mis cuadros - 6)

Plaza de la Leña

Varios jóvenes descansan en los soportales y toman unos chatos en la cantina cercana. Bajo la sombra de la casa de la derecha, un toro cambia impresiones con el torero que lo retará esa misma tarde. Enfrente, en las ventanas de un sobrio edificio blasonado, los reyes de bastos, oros y copas, debaten sobre el futuro del país. Alrededor del cruceiro corretean perros, gatos, ratones, una mula y un avestruz. Por último, molestando a los escasos transeúntes, el Capitán Trueno persigue a la sinuosa Jessica Rabbit y un fauno corre tras su ninfa favorita.
En la esquina de la izquierda estoy yo, con mi cuaderno y un lápiz. El silencio quedo de la plaza vacía, cuando el sol cae desde lo alto quemando hasta a las sombras, deja un gran hueco a la imaginación.

viernes, 15 de febrero de 2019

Camino (Serie mis cuadros - 5)

Puente de Hierro

La pasarela levantada al oriente reflejaba la luz clara de la alborada, y la occidental, la que refulgía los destellos rojos, amarillos y dorados del atardecer. Por debajo del puente, el río recogía los colores, sobre los que navegaba un velero, corriente abajo, hacia su destino.
Cuando bajaron las plataformas, el resplandor del alba, el fulgor del ocaso y el centelleo del agua desaparecieron. El balandro nunca volvió.

viernes, 8 de febrero de 2019

Veintidós siglos de Historia (Serie mis cuadros - 4)

Ibiza

Las angostas calles de Dalt Vila permanecían vacías mientras, en el exterior de la muralla, el ejército cartaginés, las milicias romanas, las tropas borbónicas, las turbas fascistas y las hordas turísticas, asediaban la ciudad apostadas en cada una de sus cinco puertas.
En la torre de la Catedral, los nativos de la localidad, preparaban sus armas con la seguridad de que els familiars  los protegerían. Llegado el momento los liberaron de sus botellas y el cielo se llenó de pequeños duendecillos que con sus travesuras hicieron huir a las beligerantes huestes exteriores. Solo quedaron, agazapados entre las piedras, unas decenas de curiosos turistas que, en poco tiempo, congeniaron con los nativos, volvieron a meter a los duendecillos en sus botellas y, con el dinero que consiguieron con su venta, se establecieron en hoteles, bares y tiendas de souvenirs, y entreabrieron las puertas de la muralla.

viernes, 1 de febrero de 2019

Rodajas (Serie mis cuadros - 3)

Leños

La empresa se dedicaba a empaquetar y distribuir los más diversos productos, por piezas o al corte, habiéndose especializado en finas tajaduras de los más diversos materiales. Así, sus ventas más celebradas eran los discos de madera rebanada —muy utilizados para banquetas y mesitas—, los tentáculos laminados de pulpo y embutidos, los cordones seccionados en diversos tamaños, y las finas amputaciones podadas de los más diversos miembros, siendo los más celebrados los cortes de dedos, por su gran utilidad y fácil manejo, de gran aceptación por escritores y pintores incapaces, y con ansias de progresar.
En una situación desesperada, el veterano y polifacético artista, protagonista de esta historia,  vendió sus dedos a la compañía, primero el meñique y anular de la mano izquierda, más tarde el corazón y finalmente el índice y pulgar, de los que se desprendió, por estar más y tener mejor venta, en pequeñas lonchas, empezando por los pulpejos y terminando en la misma raíz. Días más tarde, cuando la necesidad se lo pidió, repitió la operación con la mano derecha.
Hoy, son otros los que escriben sus versos y pintan sus sueños.

viernes, 25 de enero de 2019

Lo efímero (Serie mis cuadros - 2)

Paseando por Mallorca

A la izquierda, las flores verdes y amarillas y los arbustos ocultan la ruina del muro ajado y la entrada al oscuro callejón, limítrofe entre aventuras de palacios. A la derecha, viejas fachadas de la ciudad de siempre, portones, altos balcones y férreas rejas protegen la quietud impávida. Al fondo, la calle vacía y la luz del ocaso, reflejada en irregulares y brillantes losas, ilustra el camino. Detrás, oculto, el pintor retrata el pasado.

viernes, 18 de enero de 2019

Inmolación (Serie mis cuadros - 1)

Flor de Pascua

Aunque había nacido flor de pascua, tenía alma de margarita, y así creció, en contra de la voluntad de sus progenitores, dejando caer sus hojas para conservar solo el penacho con el que ofrecerse al eterno juego del sí me quiere, no me quiere.

Un aciago día de finales de marzo, un desesperado joven, fue arrancándole hoja por hoja, con parsimonia, entre sonrisas y lamentaciones. Cuando arrancó la última, el amante se fue feliz y ella murió en un postrero y satisfactorio suspiro.

viernes, 11 de enero de 2019

Tiempo de Navidad (epílogo): Tiempo Ordinario

Descanso en la huida a Egipto, de Joachin Patinir

Las figuras del belén descansaban ya en cajas de zapatos, los Reyes habían llegado a sus palacios, y María, José y el Niño preparaban el viaje a Egipto. Ya está todo recogido —repetían cada año Fermina, Josefa, Custodia y María.
Los Rupérez, los Remesal, los Cepeda y la Sagrada Familia, respiraban tranquilos celebrando que, por fin, la Navidad, tan ajena, tan distante, había acabado.

viernes, 4 de enero de 2019

Tiempo de Navidad - III: Noche de Reyes

Adoración de los Reyes Magos, de Diego Velázquez

La familia Cepeda, formada por Felipe y Custodia, felizmente casados hacía más de quince años, y su pequeño retoño, Paquito, se disponían a disfrutar de la cena Reyes.
La pareja se sentó alrededor de la mesa camilla, al abrigo del brasero, mientras el pequeño, de rodillas en el suelo, colocaba en perfecto orden las figuras del Belén, que ya iban abandonando el portal, salvo los Reyes Magos, que se postraban ante el Recién Nacido.
Un humilde árbol de Navidad, adornado por bolas plateadas y guirnaldas rojas, y algunos espumillones en los marcos de los cuadros y en los brazos de la lámpara de araña que, por la ocasión, lucía con todas las bombillas encendidas, completaban los adornos del salón para regocijo de la familia, siempre amante de las tradiciones.
Sobre la mesa, los tres platos, servilletas rojas con motivos navideños, las copas de la vajilla de la boda, y la sopera con un caldo de pescado y unos muslos de pollo. En el aparador una bandeja con tres vasitos llenos de aguardiente para Sus Majestades —¡Venga!, que hay que lavarse las manos y acostarse pronto, repetía cada año Custodia.
En el belén, los Reyes ofrecían sus presentes —oro, incienso y mirra— al futuro Salvador del Mundo.
Antes de llegar al portal, Melchor, Gaspar y Baltasar, desviaron momentáneamente la mirada a la familia Cepeda, que en ese momento abría sus paquetes envueltos en papel de charol rojo —guantes, camisón y pelota—, pero no se detuvieron. Sus majestades retomaron presurosos el camino de vuelta a sus reinos.

viernes, 28 de diciembre de 2018

Tiempo de Navidad - II: Nochevieja

Mañana de Año Nuevo, de Henry Mosler


La familia Remesal, formada por Mariano y Josefa, felizmente casados hacía más de quince años, y su pequeño retoño, Cristobalín, se disponían a disfrutar de la cena de Nochevieja.
La pareja se sentó alrededor de la mesa camilla, al abrigo del brasero, mientras el pequeño, de rodillas en el suelo, colocaba en perfecto orden las figuras del Belén, que ya iban abandonando el portal, camino de las múltiples tabernas y mesones y de la Posada Real.
Un humilde árbol de Navidad, adornado por bolas plateadas y guirnaldas rojas, y algunos espumillones en los marcos de los cuadros y en los brazos de la lámpara de araña que, por la ocasión, lucía con todas las bombillas encendidas, completaban los adornos el salón para regocijo de la familia, siempre amante de las tradiciones.
Sobre la mesa, los tres platos, servilletas rojas con motivos navideños, las copas de la vajilla de la boda, y la sopera con un caldo de pescado y unos muslos de pollo. En el aparador una bandeja con una tableta de turrón de chocolate, tres platitos con doce uvas cada uno —quítale los huesos a las del niño, repetía cada año Josefa—, y dos copas altas.
En el belén ya estaban todos los pastores distribuidos por el poblado, disfrutando del ambiente de las tabernas, celebrando el nacimiento del Niño Dios. Junto al castillo, los Reyes Magos, desviaron momentáneamente la mirada a la familia Remesal, pero comenzaron a sonar las campanas y se volvieron. tenían que llegar a tiempo a la Posada Real para brindar por un futuro mejor y continuar la fiesta.

viernes, 21 de diciembre de 2018

Tiempo de Navidad - I: Nochebuena

Adoración de los Pastores, de Bartolomé Estebán Murillo

La familia Rupérez, formada por Jacinto y Fermina, felizmente casados hacía más de quince años, y su pequeño retoño, Toñín, se disponían a disfrutar de la cena de Nochebuena.
La pareja se sentó alrededor de la mesa camilla, al abrigo del brasero, mientras el pequeño, de rodillas en el suelo, colocaba en perfecto orden las figuras del Belén, acercándolas cada día un poquito más al portal. 
Un humilde árbol de Navidad, adornado por bolas plateadas y guirnaldas rojas, y algunos espumillones en los marcos de los cuadros y en los brazos de la lámpara de araña que, por la ocasión, lucía con todas las bombillas encendidas, completaban loa adornos del salón para regocijo de la familia, siempre amante de las tradiciones.
Sobre la mesa, la antigua mantelería de los abuelos, algo apulgarada y protegida por un por un hule —que la mancha de tinto no sale, repetía cada año Fermina—, tres platos, servilletas rojas con motivos navideños, las copas de la vajilla de la boda, y la sopera con un caldo de pescado y unos muslos de pollo. En el aparador una bandeja con algunos mantecados y dos copas altas.
En el Belén ya estaban todos los pastores presentando a la Sagrada Familia hogazas de pan, mantecadas, abrigos de piel de cordero, garrafas de buen vino, cobertores de lana, morcillas, carne fresca, frutas variadas y otros productos de la tierra. Al fondo, en la esquina más cercana a la puerta, los Reyes Magos, que se asomaban siguiendo la estrella, camino del portal, desviaron la mirada a la familia Rupérez, pero enseguida se volvieron. Tenían que llegar a tiempo a adorar y entregar sus presentes al Niño. 

viernes, 14 de diciembre de 2018

Licor de tinta carmesí

Cocina, de Alejandro de Loarte

Gregorio no paraba de engordar y, al llegar a los doscientos kilogramos, el psicólogo le impuso un plan muy estricto a base de agua y verduras, que nunca llegó a cumplir. Había descubierto que aplastando pasteles los transformaba en finas hojas de papel, las hamburguesas machacadas parecían ceniceros, la masa de las pizzas enrollada imitaba a un cirio y unas gotas del tintero rojo sobre su aguardiente preferido le daban un aspecto semejante a un jarabe para la tos. Así consiguió tener siempre comida, acabar con un digestivo y satisfacer su irreprimible gula.
Un día su madre lo descubrió y le puso una cuidadora para que lo vigilara las veinticuatro horas del día. María, que así se llamaba, aunque era muy austera e inflexible, se mostraba cariñosa, y conforme se fue ganando su confianza, Gregorio le devolvía las atenciones y el afecto; y se lo agradecía con caricias, abrazos y apretones, aunque ella mantenía una prudente distancia. Tanta fue la atracción que un día la besó, lamió, chupó, mordió, masticó y saboreó, hasta que solo quedaron los huesos de su jugosa ternerita.

viernes, 7 de diciembre de 2018

Venganza

La justicia y la venganza persiguiendo al crimen, de Pierre Paul Prud'hon

No tenía manos ni pies, no escuchaba ni veía. No sentía frío ni calor, ni hambre o sed. Ningún dolor le molestaba, no respiraba ni comía. Nada le atraía o molestaba. No tenía presente ni futuro, solo era pasado. No existía o, al menos, no existía para los demás.
No era nada, solo un recuerdo lejano, un soplido constante en un pequeño espacio de la mente perversa y borracha de su marido, desde donde por fin había lo convencido para que se suicidara y purgara junto a ella el festín de sangre y odio que acabó con su vida.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Peregrinaje

Bañera, de Pablo Bonifacini

Se había quedado abierto el grifo de la bañera, el tapón cayó sobre el desagüe y el agua fue subiendo hasta rebosar, arrastrando al patito de goma. El desbordamiento lo dejó caer al suelo y la corriente lo llevó por el cuarto de baño y pasillo hasta el salón, desde donde cayó por las escaleras al jardín. Los aspersores lo empujaron a la alberca, por el salidero de riego llegó al arroyo y de ahí, arrastrado por la corriente del río, a su desembocadura.
Un fuerte viento de levante lo liberó de los juncos de la orilla, lo subió a las copas de los pinos y lo arrastró hasta el tejado de la vieja fábrica de juguetes donde, por fin, pudo reunirse con sus hermanos.

viernes, 23 de noviembre de 2018

Agravio en la Montaña Sagrada

Las perlas de Afrodita, de Herbert Draper

La rebelión había comenzado en las faldas del Olimpo. Hefesto, el maltrecho y despreciado hijo de Hera, reunió en una de las casas de la vieja Atenas a Afrodita, Poseidón, Apolo, Hermes, Pan, Ares y Heracles, para derrocar al tirano Zeus, y devolver la paz y la libertad al maltratado pueblo griego. Organizó cuidadosamente el golpe: Afrodita, con sus artes amatorias, seduciría a Zeus, Pan entretendría a la corte con una comida pantagruélica, Apolo debía arengar al pueblo para prometerles un futuro mejor, Ares convencería al ejército para que se uniera a los rebeldes, y Hermes obtendría ayuda económica de todos los comerciantes. Todo salió según lo previsto, y fue entonces cuando Poseidón desató una gran tormenta y un fuerte terremoto, y Heracles rompió las puertas de la fortaleza liberando al pueblo de la tiranía de Zeus y su corte.
En pocos días, Hefesto nombró un nuevo gobierno y presentó al pueblo a sus colaboradores. A Poseidón lo encargó de la defensa de la naturaleza, a Apolo lo nombró ministro para las artes, a Ares de la guerra, y a Hermes de economía. Pan tuvo que asegurase de que el pueblo no volviera a pasar hambre, y Heracles fue nombrado jefe de las milicias.
Solo faltaba Afrodita, que no asistió a la última reunión. Allí decidieron expulsarla del Olimpo, por puta.   

El que esto suscribe en absoluto comulga con las peregrinas ideas de tan ancestral machismo.

viernes, 16 de noviembre de 2018

Encuentro con la Muerte

La muerte y la doncella, de Egon Shiele

—Hola, te veo cansada.
—No, quizás algo desanimada. Mi trabajo es penoso, siempre haciendo daño, y hoy te toca a ti.
—Tranquila, no lo tienes que ver así. Cuando acaba una vida empieza otra.
—Eso dicen.
—Puede que la otra sea mejor, eterna y plenamente feliz. Yo tengo esperanza.
—No sé, nunca me lo he planteado, no es parte de mi trabajo.
—Desde siempre nos han enseñado que hay otra vida ¿Cómo no vas a saberlo?
—Te digo que no sé lo que hay después, nunca he muerto y me temo que nunca moriré.

viernes, 9 de noviembre de 2018

El nuevo pacto de Noé

El Diluvio Universal, de Miguel Ángel Bounarroti

El Papa escuchó la voz de Dios:  Y he aquí, yo traeré un diluvio sobre la tierra, para destruir toda carne en que hay aliento de vida debajo del cielo; todo lo que hay en la tierra perecerá. Inmediatamente reclutó a hombres y mujeres, unidos por el amor y oficio, para así asegurar la supervivencia y el buen orden de la humanidad. Eligió, entre otros, a parejas de médicos, albañiles, abogados, artistas, agricultores y pescadores, políticos y gobernantes, empresarios, ladrones e indigentes, todos con sus familias, y por último, a sacerdotes, monjas, obispos, abades y abadesas, con sus respectivos sobrinos y sobrinas.
Llovió durante cuarenta días y cuarenta noches, y cuando por fin la paloma trajo la rama de olivo, solo encontraron desolación. Pero el espíritu humano nunca se da por vencido y, en poco tiempo, los médicos volvieron a sus hospitales, los albañiles al tajo, los abogados al bufete, los artistas a sus estudio, los agricultores al campo, los pescadores a sus barcos,  los políticos a sus escaños, los gobernantes a las poltronas, los ladrones a sus escondites, los indigentes a sus esquinas, los religiosos a los conventos e iglesias, sus sobrinos y sobrinas a las visitas ocultas y el papa a su sillón de San Pedro.
A los pocos días el arco iris anunció un nuevo pacto: En cuanto a ustedes, sean fecundos, multiplíquense y llenen la tierra... que nada cambiará.

viernes, 2 de noviembre de 2018

Estreno mundial

El violinista, de Alejandro de Miguel

Gracias al mecenazgo del Duque Albrecht Von Kernt-Meller se había construido el Gran Teatro en su ciudad natal. Para su inauguración se había programado el Concierto para Cincuenta Violines, que el noble había mandado componer para celebrar la mayoría de edad de su hijo, verdadero amante y virtuoso intérprete de dicho instrumento desde la tierna edad de los cinco años.
Las expectativas eran grandes. Media docena de violines tocando al unísono una música serena y  envolvente que elevaba el espíritu a las más alta cotas —rezaba el programa de mano.
Un aplauso recibió al director, a los músicos y, en especial, al duque y a su hijo, que subió al escenario portando un Stradivarius, regalo de su padre. El inicio de los cincuenta violines tocando al mismo tiempo, sin ningún otro instrumento, asombró al público, que se vio inmerso en una atmósfera etérea solo rota por los continuos errores del duquesito, que desafinaba una y otra vez. Entre el público, algunos se taparon la boca para disimular una sonrisa traidora, otros guardaron un respetuoso silencio y una parte pensó que no eran sino una genial extravagancia del compositor. En cualquier caso, terminado el concierto, un prolongado aplauso premió la labor de los violinistas, la inspiración del compositor y la dadivosidad del mecenas.
El duque no fue ajeno al éxito, pero tampoco a los desatinos de su hijo, y buscó una solución. En dos días reestrenaría la obra, que anunció en grandes carteles por toda la ciudad: Concierto para Cincuenta Violines y Violín Solo. Solista: Ernst Von Kernt-Meller.