Mañana de Año Nuevo, de Henry Mosler |
La
familia Remesal, formada por Mariano y Josefa, felizmente casados hacía más de
quince años, y su pequeño retoño, Cristobalín, se disponían a disfrutar de la
cena de Nochevieja.
La
pareja se sentó alrededor de la mesa camilla, al abrigo del brasero, mientras
el pequeño, de rodillas en el suelo, colocaba en perfecto orden las figuras del
Belén, que ya iban abandonando el portal, camino de las múltiples tabernas y
mesones y de la Posada Real.
Un
humilde árbol de Navidad, adornado por bolas plateadas y guirnaldas rojas, y
algunos espumillones en los marcos de los cuadros y en los brazos de la lámpara
de araña que, por la ocasión, lucía con todas las bombillas encendidas,
completaban los adornos el salón para regocijo de la familia, siempre amante de
las tradiciones.
Sobre
la mesa, los tres platos, servilletas rojas con motivos navideños, las copas de
la vajilla de la boda, y la sopera con un caldo de pescado y unos muslos de
pollo. En el aparador una bandeja con una tableta de turrón de chocolate, tres platitos con doce uvas cada uno —quítale los huesos a las del niño, repetía
cada año Josefa—, y dos copas altas.
En
el belén ya estaban todos los pastores distribuidos por el poblado, disfrutando
del ambiente de las tabernas, celebrando el nacimiento del Niño Dios. Junto al
castillo, los Reyes Magos, desviaron momentáneamente la mirada a la familia
Remesal, pero comenzaron a sonar las campanas y se volvieron. tenían que llegar
a tiempo a la Posada Real para brindar por un futuro mejor y continuar la
fiesta.
Miraron a los Remesas con cariño, nostalgia y cierta envidia. Una Nochevieja tranquila, íntima y sin tener que andar con dos desconocidos siguiendo a una estrella que lleva a una fiesta multitudinaria para entregar regalos a un niño desconocido.
ResponderEliminarLas Navidades pobres, solitarias, humildes, en blanco y negro, en las que se enseñoreaba el silencio, parece que todos las añoramos. Todos menos, probablemente, los que hoy disfrutan de unas Navidades pobres, solitarias, humildes, en blanco y negro, en las que se enseñorea el silencio
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