Rudy
e Iván eran los miembros más antiguos del circo. Rudy había ejercido
electricista, fontanero, carpintero y armero e Iván, que empezó repartiendo propaganda, fue un niño
pillo con los payasos, ayudante del mago y trapecista, pero su verdadero éxito
lo alcanzó cuando aceptó ser el hombre bala.
La
jornada había empezado con normalidad ese día. Actuaron, entre otros, los
trapecistas, un tragasables, dos contorsionistas, el domador, dos magos y los
payasos, hasta que llegó el momento más deseado. Con un gran redoble de tambor,
el director anunció la presencia del gran Iván Rotrovic —"el único hombre
capaz de volar con la elegancia de un pájaro y la velocidad de un obús"—, mientras
Rudy, vestido con galas militares y una
gran antorcha en la mano, se disponía a encender la mecha del cañón. Pocos
segundos después se oyó una potente explosión, pero en vez de la algarabía
habitual, se hizo un profundo silencio. En la pista central los payasos se
miraban cubiertos por un fino polvo gris, que flotaba en el aire y caía sobre
los espectadores, las azafatas, los vendedores y los músicos, que habían dejado
de tocar.
Sólo
Rudy conocía la última voluntad de Iván, que había sido incinerado la mañana
anterior.
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Gente
de circo de Fernando Botero
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