Emprendió su particular periplo para encontrar la belleza
que la ceguera le había robado. Buscaba dar luz a su mundo, transformar sus
vivencias en colores, ver con las manos y el oído, entender porqué el frío era
azul y la esperanza verde.
Caminó sin descanso, cruzó montañas y navegó por mares y
ríos hasta alcanzar su destino: la gran catarata. Al oír el rugir de las aguas,
absorbido por el espectro de luz y color del atardecer, se arrojó al vacío y se
fundió para siempre en el arco iris.
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Ulises y las sirenas,
de Herbert James Draper.
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