Marina

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Marina, de Ezequiel Barranco Moreno

sábado, 24 de julio de 2021

Llantos

Inmigrantes, de Jesús Serrano Francés

Maysa lloraba al despedir a Nazir, que la abrazaba y le juraba que arreglaría los papeles y volvería a por ella. Ninguno de los dos pudo contener el llanto viendo como el horizonte se convertía en una línea divisoria entre el ayer y el mañana. Mientras, en la orilla, se arremolinaban mujeres y hombres desesperados que con lágrimas en los ojos intentaban buscarse un hueco en alguna embarcación.

El llanto de niñoos asustados aumentaba la tragedia que se estaba viviendo.

Nazir, ya en altamar y con la barcaza a la deriva tras ser abandonada por el patrón, sollozaba de impotencia al ver alejarse el cuerpo de un compañero muerto de frío, hambre y desesperación.

Alcanzada la tierra prometida, un voluntario intentaba arrancar de los brazos de la madre a un niño que había fallecido en la travesía. Sus lágrimas se mezclaron en un abrazo con las de la madre.

Tras meses en un refugio Nazir fue deportado y volvió deshecho en llanto ante la pérdida de su única esperanza.

Un miembro de la Cruz Roja lo acompañó hasta el embarcadero.

Ese mismo día la imagen de un pequeño medido por las olas en la playa sobrecogió a los veraneantes presentes, que no pudieron contener las lágrimas.


Tanto fue el lloro, tantas las lágrimas de Maysa, de Nazir, de las madres y los niños, de hombres y mujeres fuertes y decididos, de los voluntarios, de los veraneantes, de las almas desesperadas de los emigrantes y acomodadas del primer mundo, que el Mediterráneo se desbordó y una inmensa ola de dolor inundó ciudades, países, conciencias y alma.


2 comentarios:

  1. Cada día una inmensa ola de dolor sacude al primer mundo.
    Sin embargo esas lágrimas solucionan poco o nada el terrible drama que se vive a diario

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    1. Desgraciadamente el desagüe para eliminar las lágrimas es mucho más estrecho en el tercer mundo.

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