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Mariposas de Auschwitz, de Sandra Encaoua |
—Tú estás en lo cierto, Sancho —dijo don Quijote—. Vete adonde quisieres y come lo que pudieres, que yo ya estoy satisfecho, y solo me falta dar al alma su refacción, como se la daré escuchando el cuento de este buen hombre.
Marina

Marina, de Ezequiel Barranco Moreno
domingo, 27 de junio de 2021
viernes, 25 de junio de 2021
La estación
A modo de aperitivo para los que no lo tengan o les apetezca leerlo, estando pendiente la segunda presentación el próximo lunes 28 de junio en la Botica de Lectores, os adjunto un enlace en el que podéis leer uno de los cuento de LA BUFANDA DE LANA Y OTROS RELATOS DESGARRADOS.
sábado, 19 de junio de 2021
Efeméride
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Joven tocando el piano, de Gustave Caillebotte |
La sala de conciertos se abrió para un grupo selecto de aficionados que, como cada año, se reunían para el acontecimiento.
Solo las velas de los candelabros del piano iluminaban el escenario. La banqueta de terciopelo verde aún permanecía vacía cuando llegó la hora del inicio del concierto. El profundo silencio se hizo entonces más intenso al sonar las notas del Nocturno de Debussy, que impregnó de nostalgia la sala.
Cuando el concierto terminó, una
leve corriente de aire apagó las velas y no se oyeron aplausos ni nadie se
movió de los asientos. Todos quedaron absortos mirando ese piano que, cada año,
sin que nadie lo tocara, terminaba la pieza que quedó inconclusa el día del
bombardeo.
jueves, 17 de junio de 2021
Visión de futuro
sábado, 5 de junio de 2021
Cita a ciegas
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Calle con buscona de rojo, de Ernst Ludwig Kirchner |
Había quedado con una chica a través de un chat. La identificaría porque era rubia e iría vestiría un suéter rojo. La esperaba mientras me tomaba un café y vi como abrió la puerta del bar y entró, rubia, alta y con unos labios bermellón que más que expulsarlo, parecían besar besaban el humo de su cigarrillo. Me quedé mirándola fijamente sin saber que hacer, si hubiera tenido que describirla en aquel momento, habría necesitado mucho más espacio del que dispongo en este escrito o, no sé, quizás me hubiera bastado con un signo de admiración y poco más.
Me levanté y esbocé una ligera sonrisa, pero en ese momento vi cómo, hermosa e insinuante, contoneándose ante la mirada de todos los clientes del bar, se acercaba a otra mesa y besaba al chico. Terminé la taza de café y al salir entraba una chica rubia, hermosa e insinuante que entraba en el bar con un suéter rojo, a la que le cedí el paso, sin poder olvidar aquellos labios rojo bermellón.