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Jardín de la Casa Sorolla, de Joaquín Sorolla y Bastida |
Me bastó la sombra del naranjo, la gama roja, amarilla y blanca de las flores, el aroma de la dama de noche, el frescor de los arriates y el trino de los gorriones para abarrotar los quince metros cuadrados de mi jardín. Acudieron a la cita como invitados —todos ellos muy locuaces— mis recuerdos, mis fobias, mis sueños, mis satisfacciones y enfados, mis anhelos, mis amores pasados y mis promesas futuras. No pararon de hablarme y rodearme en el banco en que, algo abatido, me senté, y que desde detrás de la verja parecía vacío.
Hay ausencias (presencias) que son recuerdos, fobias, satisfacciones, enfados y anhelos.
ResponderEliminarPor supuesto están los amores pasados y los futuros anhelos qué no dejarán nunca de estar con nosotros ni nosotros seremos capaces nunca de olvidarlos.
Todas esas cosas son las que conforman nuestra identidad.
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