Amaro era muy celoso. Yo me di cuenta la noche de bodas, en que me cog0ió mi alianza de oro y la puso junto a la suya que, no me quiso explicar la razón, tenía la forma de una serpiente. Yo no le di mucha importancia, pensé que cada uno tiene sus gustos, pero al despertar vi que su anillo había apresado al mío. Intenté liberarlo, pero fue imposible hasta la mañana siguiente en que, sin esfuerzo alguno él los separó y me lo ofreció.
—Tú estás en lo cierto, Sancho —dijo don Quijote—. Vete adonde quisieres y come lo que pudieres, que yo ya estoy satisfecho, y solo me falta dar al alma su refacción, como se la daré escuchando el cuento de este buen hombre.
Marina
Marina, de Ezequiel Barranco Moreno
lunes, 31 de agosto de 2026
A grandes males...
Amaro era muy celoso. Yo me di cuenta la noche de bodas, en que me cog0ió mi alianza de oro y la puso junto a la suya que, no me quiso explicar la razón, tenía la forma de una serpiente. Yo no le di mucha importancia, pensé que cada uno tiene sus gustos, pero al despertar vi que su anillo había apresado al mío. Intenté liberarlo, pero fue imposible hasta la mañana siguiente en que, sin esfuerzo alguno él los separó y me lo ofreció.
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