Marina

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Marina, de Ezequiel Barranco Moreno

lunes, 31 de agosto de 2026

A grandes males...


Amaro era muy celoso. Yo me di cuenta la noche de bodas, en que me cog0ió mi alianza de oro y la puso junto a la suya que, no me quiso explicar la razón, tenía la forma de una serpiente. Yo no le di mucha importancia, pensé que cada uno tiene sus gustos, pero al despertar vi que su anillo había apresado al mío. Intenté liberarlo, pero fue imposible hasta la mañana siguiente en que, sin esfuerzo alguno él los separó y me lo ofreció.
    A partir de ese momento noté que cada vez me apretaba más, sobre todo si me retrasaba, no recogía bien la casa o salía con mis amigas, hasta que llegó el día en que ya no pude sacármelo. Él se ofreció a ayudarme, me dijo que tenía que actuar de otra manera, más solícita y recatada, y me acarició. Pude sentir la presión de sus dedos y que la serpiente apretaba y me sacaba su lengua bífida. Intenté arrancármela. Entonces me abrazó Amaro y me rozó la mejilla con una aparente ternura. Noté la caricia de su reptil dorado y no lo pensé: una tijera no corta el metal, pero sí dedos.


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