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El banquete de las hadas, de John Anster Fitzgerald |
Ocultos entre los árboles y la maleza, los seres del bosque disfrutaban de una vida feliz. Las hadas no cejaban en su empeño de mantener cierta paz, alejar a los traviesos sátiros de las benéficas sibilas y evitar que los gnomos y orcos discutieran, mientras los duendes y los elfos deambulaban felices entre los árboles y las flores, y las brujas fabricaban pócimas sanadoras y contra el mal de ojo.
Pero un peligro desconocido y todopoderoso acechaba
y los empujaba para sacarlos de sus tierras naturales. Cada vez su hábitat
estaba más amenazado y tenían menos espacio hasta que terminaron viviendo en
una angosta la ladera del río, bajo los acantilados. Fue allí donde una enorme
red los atenazó y los sacó del bosque para llevarlos a un frío almacén en el
que el maléfico ogro ToysRus, los guardó en cajas multicolores, junto a otros
que ya tenía en su poder, para venderlos como esclavos por todo el mundo.