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Superman. Fotograma |
Me extrañó y pensé que
podía ser que estuviera de pitorreo o que era el reportero de un programa de
esos de cámara oculta, aunque su aspecto desaliñado, el abandono que
manifestaba su ropa raída y sucia, y su evidente timidez no cuadraban con la
imagen que esperamos de un bromista o un periodista. Él me miraba y me requería
una respuesta. Ante mi silencio, volvió a hablar.
―Verá, buenas tardes,
soy Supermán y la necesito, aunque sea un pequeño trozo.
―¿Supermán? ¡Venga ya!
―Perdone, me voy a
explicar, fallecí tras un contacto con la dichosa piedra y me he reencarnado.
Me conocen como Pepe Pérez, pero yo sé que soy quien soy.
―Sí, ya, Supermán.
―Bueno, en realidad,
como le digo, Pepe Pérez. No soy ya un héroe, pero sí una buena persona.
―Sigo sin creer esa
locura ¿Puede demostrarlo? ―le pregunté para no parecer descortés.
―No, no vuelo, mi
visión es normal y he perdido todos mis poderes. A cambio, me considero
bondadoso, ayudo al que puedo, comparto mi comida con quien no tiene y, sobre
todo, me empeño en no hacer mal a nadie. La gente del barrio me conoce y me
quiere. Esos son mis poderes.
―Entonces ¿para qué
quiere la Kriptonina?
―Solo para restregármela y demostrarle al superhéroe que fui, que soy mejor que él.