I
El alfarero había terminado de hacer la vasija de barro,
miró y remiró la forma, la proporción, el acabado y los dibujos que la
adornaban, y se sintió orgulloso.
Con mucho cuidado, la puso en el mostrador, junto a otras
tantas. Después escribió en el libro de registros: “vasija nº 3.241: Perfecta”.
Descansó viendo su obra maestra.
II
El alfarero, como cada día, trabajaba desde temprano
intentando terminar una nueva vasija. Lo hizo con la rutina de siempre y, acabada,
se sentó a observarla. No le gustaba, quizá un asa algo más alta que otra, el
dibujo no del todo simétrico, cierta desproporción en las formas. Acabado el
trabajo, la cogió y la puso junto a las demás. Por la noche escribió en el
libro de registros “vasija nº 3.412: Mal”.
Descansó insatisfecho.
III
Entró un cliente y tras escudriñar la tienda dijo al
alfarero: “necesito una vasija”.
‒¿Cuál quiere usted? preguntó mientras le señalaba el
mostrador.
‒Da igual, una cualquiera, contestó distraído el cliente.
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El alfarero, de Susana Guaderrama
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Está claro que la dedicación que le ponemos a nuestro trabajo solo la vemos nosotros, los demás no le dan la misma importancia. Así nos va
ResponderEliminarNo siempre es así, pero es cierto que es lo más frecuente. No obstante, nuestra propia satisfacción de hacer bien las cosas es impagable.
EliminarLa perfección llena únicamente al que la consigue
ResponderEliminarSi alguien la consiguiera, seguro que la valoraría y, los demás lo entenderían, que la respuesta fuera de reconocimiento, admieación o envidia, ya es otra cosa.
EliminarSeguramente el snob que la compró la enseñaría a sus amigos presumiendo de que la compró en un taller donde las hacían a mano y que su buen ojo escogió la mejor de entre todas. Leni Lavado
ResponderEliminarEntre lo que se ve en el cuento y tu calificativo de snob que le das, el cliente se hace antipático y, por contra, el artesano se nos hace mejor persona.
ResponderEliminarPues yo pensaba otro final.
ResponderEliminarPensaba que el cliente se fijaba en la última vasija, en la vasija imperfecta a los ojos del escultor.Y no porque la viese fea, sino por ser la que más le gustó.
La perfección no es para todos lo mismo...afortunadamente.
Tienes razón, ese final es más dulce,más poético, aunque quizás dejara algo confuso y descolocado al alfarero.
EliminarTienes razón, ese final es más dulce,más poético, aunque quizás dejara algo confuso y descolocado al alfarero.
EliminarTampoco está mal del todo descolorares de vez en cuando.
ResponderEliminarVer la realidad desde otra perspectiva, sin que ello impliqué que debas cambiar la tuya, puede resultar interesante